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martes, 10 de agosto de 2010

Palaíso secleto

Como cada año, el Team vuelve a la carretera y a los caminos en busca del flow. Durante doce meses, cada uno se prepara a su manera para la culminación que supone la semana del Team. El viaje a algún lugar en el que dar rienda suelta a nuestros instintos más básicos y primitivos: montar en bici y tener la casa hecha un desastre. La víctima suele ser una estación de montaña. Los Alpes o los Pirineos. Y su correspondiente apartamento, que utilizamos como garaje, barbacoa, cine, bar, taller, y vertedero de ropa sucia.

Este año ha tocado una estación inédita que ha resultado ser un descubrimiento. Por sus instalaciones, escuetas pero de calidad, y sobre todo por las inacabables posibilidades que tiene, este sitio nos ha dejado completamente satisfechos. Y lo siento, pero no pienso dar el nombre de este lugar. Me niego a que se llene de gente y se convierta en otro mega-resort. Estoy harto de inaugurar bike parks semivacíos, y ver que al año siguiente es imposible pararse a mear sin mojar a otro biker.

He llegado a la conclusión de que los sitios que MOLAN deben permanecer en una especie de paradero desconocido, en régimen de clandestinidad, y que sólo se comente en un reducido círculo de confianza. Es una medida de protección y de compensación. Si la gente se repartiera mejor, no habría sitios masificados. Sin embargo, tiene que existir un Benidorm para que haya un Almería, por ejemplo. O un Les Gets para que haya un... lo que sea. Pero al final, cada uno encuentra lo que busca. Eso sí, hay que currárselo un mínimo. Eso de regalar paraísos a quien no sabe paladearlos es como dar de comer margaritas a los cerdos.

Por eso, este año no voy a decir dónde he estado en verano. No conviene pregonarlo a los cuatro vientos. Las venerables montañas no se merecen más hordas que las perturben, sólo las justas, es decir, poquitas y de vez en cuando. En realidad es como cualquier otra ruta, lugar, playa o sitio en el mundo: el problema viene cuando el paraíso se anuncia con luces de neón. En ese preciso momento deja de ser un paraíso y se convierte en una mierda globalizada del Lonely Planet. Y este blog, afortunadamente, no es el puto Lonely Planet.

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